Compara proyectos, no solo cifras.
Dos presupuestos pueden describir cosas muy diferentes. Uno puede incluir una única página y otro una estructura de servicios, revisión de textos e integración de formularios. Para comparar, empieza por el alcance.
Pide una lista de páginas, funcionalidades, materiales incluidos y revisiones. Aclara quién aporta los textos y las imágenes. Un precio aislado no explica el trabajo.
El contenido también es trabajo.
Preparar la estructura, escribir los mensajes y seleccionar fotografías influye en el proyecto. Si ya tienes materiales listos, revisa si están actualizados y si se pueden utilizar.
No des por supuesto que el diseño incluye redacción, traducción, fotografía o licencias. Deben aparecer en la propuesta cuando formen parte del encargo.
Funciones, integraciones y seguimiento.
Reservas, pagos, áreas privadas o conexiones con otras herramientas pueden cambiar el alcance. Describe lo que necesita hacer el usuario, no solo el nombre de una función.
Pregunta qué mantenimiento se necesita y qué gastos recurrentes corresponden a dominio, alojamiento o servicios externos. La entrega y el soporte posterior son decisiones distintas.
Una buena propuesta deja menos dudas.
El documento debería concretar entregables, calendario, rondas de revisión, precio y condiciones. También qué ocurre si aparecen nuevas necesidades durante el desarrollo.
En Nexbrokers partimos de esa conversación para definir el proyecto. La propuesta se ajusta al negocio y al trabajo necesario; no añadimos una cifra sin conocerlo.
Referencia técnica: Guía de SEO de Google Search Central.
Hablemos de tu proyecto